“Gracias a un sacerdote, hoy sigo adelante”

Jesahira

Jesahira es de Honduras, un país en el que hay mucha delincuencia y mucha inseguridad. El miedo era continuo en ella, porque se sentía en el “punto de mira” de los delincuentes. Además había mucha pobreza, por lo que con 21 años llegó a España. Primero a Madrid donde comenzó a trabajar como pudo y en lo que había. Estando en Illescas,  donde también trabajó, embarazada de siete meses, sintió contracciones muy fuertes y la ambulancia la trajo al Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

Jesahira no había querido vivir nunca en Toledo, porque lo consideraba un pueblo, pero el nacimiento de su hija pequeña la llevó hasta Toledo. Estando en el hospital, con su bebé en la UCI, un sacerdote la visitó y le ayudó a cambiar su vida. Había llegado a Toledo, sola sin recursos y con un bebé.

“Me dijo que me dejara ayudar y que me quedara en Toledo, que no me iba a faltar de nada”, recuerda las palabras del sacerdote, que en aquel momento fue su ángel de la guarda. El sacerdote le presentó a la madrina de su hija, se fue a vivir con ella y así comenzó su andadura en Toledo, donde poco a poco ha ido rehaciendo su vida. “Era demasiado rebelde y no quería que me ayudaran en ningún momento, pero poco a poco he ido cambiando, gracias también a la paciencia de los demás”.

Jesahira se definía como “atea a la Virgen”. Es decir, que no creía ni en la Virgen María ni en los santos. Aquí en Toledo, gracias a los sacerdotes y a los amigos que le acogieron, descubrió a la Virgen María. Vino a España sólo habiendo recibido el bautismo. Hoy ya ha recibido la Eucaristía y la Confirmación.

Ahora está estudiando un curso de Peluquería y vive con su hija y su madrina. “En Toledo está mi familia, las personas que me han aguantado en todo momento, que me han escuchado y que a pesar de mi rebeldía han estado allí”, porque según Jesahira “no me han dejado sola en ningún momento”.

“Mi madre me decía que iba a llegar a Honduras en un ataúd”. Gracias a la ayuda de la Iglesia, de Cáritas y de todas las personas que me han escuchado, atendido emocionalmente y aconsejado “sé que no será así, porque mi futuro será muy bueno”, comenta esta madre, que manifiesta con emoción “al nacer mi hija se me abrieron todas las puertas, y todo gracias a Dios y a Cáritas”.

Por Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

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