Decir sí a la vida. Sí a la felicidad

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La historia de Carmen es una historia de lucha continua. Superación y sufrimiento. Una historia en la que ha demostrado que decir sí a la vida es decir sí a la felicidad y a la esperanza.

Carmen vino a Toledo cuando tenía 31 años, procedente de Perú, porque aquí en España trabajaba su marido, Pablo. Vino como tantas madres y padres que dejan a su familia para encontrar y forjar un futuro mejor. Llegó sola y posteriormente vino el hijo de Pablo, aunque Carmen se hizo cargo de él desde que éste tenía dos años.

Aquí en Toledo nació su hija Carla, y cuando ésta era un bebé –con año y medio- Carmen se queda embarazada de nuevo. “¡No podía ser! ¡Ahora no puede ser!”, son las frases que más e Los miedos, las dudas y la incertidumbre se apoderaron de Carmen. No veía solución, por lo que decidió que no podía seguir adelante. Había que abortar. La sociedad le animaba. Era sencillo hacerlo.  “No puedo atender a dos bebés a la vez”, era su pensamiento que se repetía continuamente. “No voy a poder. Imposible mantenerlo”.

Una mañana cuando Carmen andaba deprisa,  empujando el carrito de su hija dirección a la asistenta social para que esta le leyera los derechos para poder abortar, su marido Pablo salió corriendo detrás de ellas, gritando: “No lo hagas. Vamos a hablar. Dios nos va a castigar”. Carmen estaba decidida a abortar. Pero de pronto frenó, se detuvo, y ese “no lo hagas” que le suplicaba su marido, caló en su corazón, y dio vuelta atrás. Lo pensaría, no estaba sola.

Por la noche fueron a la Iglesia y llorando, profundamente tristes, contaron su caso al sacerdote, que les dijo: “No lo hagas. Sigue adelante con tu bebé. Nosotros te ayudaremos”. La fuerza de la oración. La misericordia de Dios presente en cada uno de nosotros. Rezaron mucho para que Carmen pudiera tener su bebé, y hoy es un precioso niño de 5 años, que es el motivo de su alegría y de su sonrisa. Gracias a Dios, y gracias a todas las personas que fueron misericordiosa con Carmen y su familia. Hoy con una sonrisa en los labios, con los ojos llenos de lágrimas. Carmen sabe que es dichosa, y que es feliz con su hijo.

La vida no ha sido fácil. No lo ha sido y no lo es. Son  muchos problemas y muchas dificultades. Hace cinco meses Pablo falleció en un accidente de tráfico. No tenía testamento, no tenía la documentación arreglada, y hoy Carmen no tiene ayudas de ningún tipo. No puede cobrar pensión de viudedad. En Cáritas la están ayudando –a ella y a sus tres hijos- en la vivienda, en la alimentación, en la educación de sus hijos (que vienen a los Talleres Infantiles), en el pago de recibos.  “Cáritas me ayuda en todo. Son mi familia aquí en Toledo”, concluye Carmen, que ve con esperanza el futuro. En medio de las cruces de cada día, siempre sale el sol. Siempre una sonrisa.

Testimonio escrito y recogido por el Departamento de Comunicación de Cáritas

Diocesana de Toledo

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