Testimonio de misericordia de la Madre Agnès: “Lo mejor para cortar la violencia es perdonar”

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Conversar con la Madre Agnès-Mariam de la Croix es darse cuenta de lo grande que es la misericordia de Dios. Es darse cuenta cómo Dios actúa a través de los acontecimientos y a través de cada uno de nosotros. La Madre Agnès, que ha estado unos días en Toledo para participar en la X Jornada Diocesana de Voluntariado de Cáritas, es un ejemplo de esta misericordia. Cómo ella llega dónde nadie llega; cómo gracias a la fuerza del Espíritu Santo es capaz de superar cualquier miedo. La Madre Agnès, que ha sido secuestrada en varias ocasiones,  dice que los cristianos somos testigos del amor de Dios y que “cuando uno pone su fe en Cristo y trabaja por el bien común, puede haber milagros”.

Son muchos los testimonios que esta mujer, carmelita descalza, nominada al Premio Nobel de la Paz, y  luchadora incansable por la paz en Siria ofrece de misericordia.  Hablando con ella fue la Madre Agnès quién escogió el que ahora le contamos, porque para ella el testimonio de este padre “le hizo un bien espiritual inmenso”.

Cuenta la historia de un padre que vive en Homs. Cuando ella le conoció estaban trabajando en un proyecto de reconciliación. Estuvieron todo el día con él y con gente oponente hablando de cómo arreglar la situación de un suburbio de más de 200.000 personas controlado por la oposición. “Había muchos muertos en Homs porque disparaban sobre la gente y viceversa”, recuerda con tristeza.

En una conferencia en un hotel, este hombre levantó la mano y dijo: “quisiera intervenir, porque yo quiero contarle mi historia a ver si puedo ayudarles a encontrar una solución”. Manifestó: “ Yo  tenía un hijo único, no tenía hermanos; con 20 años  y mostró su foto. Este joven, como muchos jóvenes de su edad, iba a la Universidad de Homs, iba y volvía, pero un día no volvió. En este tiempo, en 2012 todo el mundo era secuestrado. La familia hizo las gestiones necesarias pero no encontró nada. Normalmente cuando secuestran es para que les den dinero, pero esta vez nada. Vivieron varios meses sin ninguna noticia del hijo, unos seis meses.

Finalmente un día alguien le llaman por teléfono, y le dicen: “¿Tú eres tal? Y contesta: “Sí, lo soy. ¿Quiéres ver a tu hijo? Sí,  díganme qué necesitan, llevamos meses esperando y devuélvanme a mi hijo. No, no hay ningún problema, mañana a las 10”. Este hombre y su mujer llamaron a toda la familia preparando una fiesta, para recibir a su hijo. A la mañana siguiente, todo el mundo miraba el reloj para cuando llegara la hora.

A las 10 escucharon un coche. Antes de abrir la puerta se oyó un golpe seco y el coche se había marchado. A la puerta había un saco de plástico, el joven, su hijo, estaba cortado en piezas.

La Madre Agnès relata que “que uno no tiene palabras para describir esa situación”. Este padre manifestó que pasó días de aislamiento, de lucha interior, que no sabía si coger una espada y hacer lo mismo, y finalmente dijo: “combatí días y noches hasta que un día tuve una luz en la que descubrí que la violencia se nutre de violencia y que lo mejor para cortar esta violencia que estaba abrazando a Siria, era  perdonar”.

Él perdonó, se volvió un activista de la reconciliación. Él no es cristiano. Él nos expresó: “miren, yo he perdonado. Perdonad los unos a los otros para el bien de nuestro país”.

Un ejemplo de cómo la paz se construye perdonando, la paz se construye amando, la paz se construye trabajando por la paz, con sencillez, valentía y humildad.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

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