Venir a Cáritas “engancha”

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Testimonio de Vidal, voluntario de la sede de Cáritas Diocesana de Toledo

Vidal (aunque su nombre oficial es José María), como así le conocemos en la sede de Cáritas Diocesana de Toledo en la Calle Vida Pobre, es voluntario de Cáritas desde hace más de 30 años. “No recuerdo ya cuantos años, pero muchos. No concibo mi día sin venir a Cáritas. Cuando no vengo es como si me faltara algo”, manifiesta Vidal, que tiene 81 años y cada día, siempre que la conciliación como abuelo se lo permite, acude a Cáritas.

Su labor alivia mucho la tarea de las personas que allí estamos trabajando, deseando que llegue Vidal para que nos socorra con el teléfono, abra la puerta, acuda a los imprevistos…  tantas y tantas cosas que se nos escapan pero que cuando recuerdas te das cuenta de que está siempre pendiente de nosotros. Qué no sabemos algo, preguntamos a Vidal; que no conocemos a alguien, preguntamos a Vidal…

Recordar con Vidal cómo llegó a Cáritas es recordar prácticamente la historia de Cáritas en Toledo, desde la Interparroquial a la Diocesana. Recordar con nombres y apellidos a delegados, directores y voluntarios. Es volver a pasar por las distintas sedes –“nada que ver a lo de ahora”, señala- de Cáritas, en San Justo, en la Calle Aljibes (dónde hoy está el albergue”) hasta llegar a Vida Pobre.

Tenía aproximadamente 50 años cuando la llamada del Amor a los demás tocó su puerta. Se había quedado sin trabajo, y conocía a don Daniel Fernández, que era delegado de Cáritas Interparroquial de Toledo. Estuvo “haciendo de todo, atendíamos a las personas, acompañábamos” alrededor de año y medio, hasta que encontró de nuevo trabajo, un trabajo en el que estuvo tres años pero Dios tenía otro plan para él. No salió del todo bien y decidió abandonarlo.

“Era perder la vida y la familia trabajando día y noche y todos los días del año”, expresa. Volvió a Cáritas ya como trabajador, encargado de estar pendiente de los talleres de empleo que se ponían en marcha. “En aquellos momentos éramos muy pocos trabajadores y todos hacíamos de todo”. También iba al albergue a dar las cenas y la ropa a las personas alojadas. Allí recuerda la anécdota con un residente, que intentó tirarle una silla a la cabeza. No había razón, “le pilló así y casi me quedo con la silla en la cabeza, pero no pasó nada. Hay que entender las reacciones”. Les dábamos al mes 1.000 pesetas a los alumnos de los talleres y este alumno que estaba en el albergue esa tarde se las gastó. “Me doy la vuelta, le miro y cuando veo que tiene los brazos subidos con la silla en posición de lanzarmela. Afortunadamente se quedó en una anécdota”, comenta.

Llegó la jubilación y “aunque estuve unos años sin venir esto me tiraba y algo me decía que tenía que venir”, por lo que llamó a don José María Jané, que era delegado en aquel momento, e inmediatamente le dijo que sí, y desde entonces está de forma continua en la Calle Vida Pobre.

Para Vidal, Cáritas es su casa y su día a día. “En mi familia están encantados con que venga y para ellos la vida en Cáritas es también su vida”, afirma.  “Disfruto viniendo a Cáritas porque conozco a muchas personas y porque me hace estar cerca de los más necesitados, de aquellos que vienen a pedir ayuda, y aportarles de alguna manera mi granito de arena”, señala Vidal.

Sí reconoce que en estos años la pobreza ha cambiado, “muchísimo”, ahora hay más necesidades –de otro tipo- que antes, y hay mucha inmigración, personas que llegan sin nada y que precisan de todo. Vidal ha escuchado y vivido también la vida de personas acompañadas por Cáritas, “que en cierto modo forman parte de mi vida también”.

Cree que los voluntarios son parte imprescindible de la acción de Cáritas, “porque el voluntariado, estés donde estés, te hace darte cuenta de lo afortunado que eres y de que estamos aquí para ayudarnos, porque todos somos hijos de Dios”.

Los trabajadores de Cáritas Diocesana de Toledo le consideramos como un compañero que está siempre atento a nuestras demandas, y en ocasiones “le estresamos” con nuestras tareas y prisas; con “nuestros mandaos”, pero siempre nos atiende con “lo que tú digas y cuándo digas”. Es bondad y disposición en primera persona.

 

¡Gracias Vidal!

Mónica Moreno. Gabinete de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

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