“Media vida de voluntaria y no lo cambiaría por nada”

Por Marisa Martínez Moreno, voluntaria de Cáritas Diocesana de Toledo. Coordinadora del Centro de Distribución de Alimentos “Virgen del Sagrario”

Desde niña me educaron haciéndome ver que no todos tenemos las mismas oportunidades, pero que sin embargo todos tenemos los mismos derechos y que debíamos ayudar y compartir con las personas que necesitaban ayuda.

Recuerdo que en mi colegio había en el patio un aula que denominaban la escuela gratuita, allí estudiaban niñas de familias sin recursos que estaban separadas del resto de alumnas.  Yo la verdad no entendía por qué y había una niña que vivía cerca de mi casa y yo siempre procuraba coincidir con ella a la entrada y a la salida para ir con ella.

Un día me preguntaron por qué hacía eso. Yo no sabía por qué y mi respuesta fue, porque me lo pedía el corazón.  Yo no entendía nada, pero al poco tiempo vi como esas niñas compartían el recreo con nosotras . La madre Josefina se acerco a mi y  me dijo esto es por tu ejemplo.

Recuerdo que la monja me abrazó y me dijo: “Gracias por ser como eres” y con lágrimas en los ojos se fue.   Yo seguía sin entender nada, pero me sentí feliz, tenia poco mas de 10 años.

Me enseñaron que compartir no era dar de lo que nos sobraba, era incluso dar de lo que necesitábamos,  y que no todo consistía en lo material, que había muchas personas que necesitaban cariño, compañía, escucha y que dedicarles un poco de nuestro tiempo era para ellos muy importante.

Siempre he sido muy inquieta y he buscado la oportunidad de ayudar y participar en todo lo que se organizaba en el colegio y en todo lo que me pedían y con el paso de los años el voluntariado se fue convirtiendo en algo vital para mi.

Una de las etapas mas apasionantes y duras fue mi voluntariado  como presidenta  en Pretox, Asociación de  Prevención y Ayuda al Toxicómano,  de 1988 a 1992, años donde la droga se llevó a muchos jóvenes de esa generación. Fueron años difíciles pero apasionantes , trabajando con y para los padres y los hijos de las familias que tenían este problema, éramos mas que una asociación una gran familia que logro dar esperanza a muchas personas.

En 1992 me incorpore como voluntaria en Cáritas de la mano de nuestro querido y recordado cardenal D. Marcelo González Martin. De él aprendí que  ser voluntario no es solo dar algo de dinero a personas que lo necesitan, o dedicar algo de su tiempo colaborando en algún acción concreta,  nada más lejos de la realidad. Ser voluntario era  un compromiso integral con el hermano necesitado independientemente de su raza o religión es ayudar en sus carencias materiales, espirituales,  acompañarle en su soledad, o su enfermedad , es ponerse en su lugar y hacerle parte de tu vida.

Ser voluntario es conocerle como persona,  por su nombre,  conocer sus circunstancias, escucharle, tratar de comprenderle y  acompañarle.

No hay nada mas gratificante que ver el cariño de las personas que Dios puso en nuestro camino y que han normalizado su situación y también ver a los que continúan luchando por salir de la marginación , verlas por la calle, que te saluden, conocerlas por sus nombres: Jesús, Pedro, Javier,  Luis Miguel, etc…y  tomar con ellos un café y animarles a que lo intenten de nuevo.  Muchos no lo entienden, pero ellos son el rostro de Jesús que él los ha puesto en nuestro camino y siempre los voluntarios debemos esta ahí a su lado.

En tantos años han sido muchas, muchas las experiencias, alegres, tristes, dolorosas, fáciles, algunas muy difíciles, pero todas han llenado y siguen llenando mi corazón de gratitud por el don de haber tenido la oportunidad de estar a su lado tratando de que su vida sea algo mejor , acompañándoles hasta el final de sus días, a sentirse queridos y  sobre todo que la esperanza llegara a sus vidas.

Ha sido en Cáritas, donde ya he cumplido mis “bodas de plata “ de voluntariado donde he aprendido que ser voluntario no es dar, que ser voluntario es un don, es recibir, pues aunque el voluntario  efectivamente da,  comparte,  se entrega,  acompaña,  os puedo asegurar que recibes más de lo que das,  porque no tenemos que olvidar, que :  Cuando pones la mano en la mano del hermano, siempre te encuentras con la mano de Dios e la otra mano.

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