“El Proyecto Diakonía ha supuesto un antes y un después en mi voluntariado”

VICENTE SOTO

“El sol no para nunca”, es una de las frases que más repite Vicente Soto, voluntario de la Cáritas Parroquial de Consuegra, y es que su voluntariado es un voluntariado, como el de tantos, activo, sin parar de ayudar y acompañar. Igual que el sol no para, Cáritas tampoco para.

Hace siete años que se jubiló y entonces no sólo se puso él a disposición de la Parroquia y de los más necesitados, sino también su furgoneta, donándola a Cáritas. “Ya antes de jubilarme llevaba alimentos con mi furgoneta, venía a la nave de Distribución de Alimentos”, comenta Vicente, que llega a Cáritas gracias a su mujer, Pili, que es voluntaria de Cáritas desde hace 18 años, “y me siento muy orgulloso de pertenecer a Cáritas”.

Para Vicente ser voluntario “supone mucho trabajo, pero para mí es una gran satisfacción poder ayudar; hacer amistades con todas las personas que lo están pasando mal y cuando ves que les cambian las caras de tristeza en alegría, yo me siento mejor”, afirma. Reconoce que la implantación del Proyecto Diakonía ha supuesto “un antes y un después” en su voluntariado, “porque antes apenas mirábamos a la cara a quién venía, como si fuera la fila del cine;  dábamos los alimentos pero luego nos lo necesitaban. Ahora nos conocemos, sabemos su nombre, y estamos más cerca de ellos”.

Su vida desde que es voluntario de Cáritas ha cambiado, porque “yo no me daba cuenta durante mi vida laboral de que la gente necesitaba ayuda de cualquier tipo”. “Ahora- manifiesta- desde que estoy en Cáritas, creo que he cambiado, escucho más  a las personas, comparto y no tengo miedo de hablarles de Dios y de la Iglesia.  Me siento mejor que antes”.

“Ser voluntario de Cáritas es una de las cosas más maravillosas que me ha pasado”, concluye.

 

Mónica Moreno. Gabinete de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo.

 

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Venir a Cáritas “engancha”

vidal
Testimonio de Vidal, voluntario de la sede de Cáritas Diocesana de Toledo

Vidal (aunque su nombre oficial es José María), como así le conocemos en la sede de Cáritas Diocesana de Toledo en la Calle Vida Pobre, es voluntario de Cáritas desde hace más de 30 años. “No recuerdo ya cuantos años, pero muchos. No concibo mi día sin venir a Cáritas. Cuando no vengo es como si me faltara algo”, manifiesta Vidal, que tiene 81 años y cada día, siempre que la conciliación como abuelo se lo permite, acude a Cáritas.

Su labor alivia mucho la tarea de las personas que allí estamos trabajando, deseando que llegue Vidal para que nos socorra con el teléfono, abra la puerta, acuda a los imprevistos…  tantas y tantas cosas que se nos escapan pero que cuando recuerdas te das cuenta de que está siempre pendiente de nosotros. Qué no sabemos algo, preguntamos a Vidal; que no conocemos a alguien, preguntamos a Vidal…

Recordar con Vidal cómo llegó a Cáritas es recordar prácticamente la historia de Cáritas en Toledo, desde la Interparroquial a la Diocesana. Recordar con nombres y apellidos a delegados, directores y voluntarios. Es volver a pasar por las distintas sedes –“nada que ver a lo de ahora”, señala- de Cáritas, en San Justo, en la Calle Aljibes (dónde hoy está el albergue”) hasta llegar a Vida Pobre.

Tenía aproximadamente 50 años cuando la llamada del Amor a los demás tocó su puerta. Se había quedado sin trabajo, y conocía a don Daniel Fernández, que era delegado de Cáritas Interparroquial de Toledo. Estuvo “haciendo de todo, atendíamos a las personas, acompañábamos” alrededor de año y medio, hasta que encontró de nuevo trabajo, un trabajo en el que estuvo tres años pero Dios tenía otro plan para él. No salió del todo bien y decidió abandonarlo.

“Era perder la vida y la familia trabajando día y noche y todos los días del año”, expresa. Volvió a Cáritas ya como trabajador, encargado de estar pendiente de los talleres de empleo que se ponían en marcha. “En aquellos momentos éramos muy pocos trabajadores y todos hacíamos de todo”. También iba al albergue a dar las cenas y la ropa a las personas alojadas. Allí recuerda la anécdota con un residente, que intentó tirarle una silla a la cabeza. No había razón, “le pilló así y casi me quedo con la silla en la cabeza, pero no pasó nada. Hay que entender las reacciones”. Les dábamos al mes 1.000 pesetas a los alumnos de los talleres y este alumno que estaba en el albergue esa tarde se las gastó. “Me doy la vuelta, le miro y cuando veo que tiene los brazos subidos con la silla en posición de lanzarmela. Afortunadamente se quedó en una anécdota”, comenta.

Llegó la jubilación y “aunque estuve unos años sin venir esto me tiraba y algo me decía que tenía que venir”, por lo que llamó a don José María Jané, que era delegado en aquel momento, e inmediatamente le dijo que sí, y desde entonces está de forma continua en la Calle Vida Pobre.

Para Vidal, Cáritas es su casa y su día a día. “En mi familia están encantados con que venga y para ellos la vida en Cáritas es también su vida”, afirma.  “Disfruto viniendo a Cáritas porque conozco a muchas personas y porque me hace estar cerca de los más necesitados, de aquellos que vienen a pedir ayuda, y aportarles de alguna manera mi granito de arena”, señala Vidal.

Sí reconoce que en estos años la pobreza ha cambiado, “muchísimo”, ahora hay más necesidades –de otro tipo- que antes, y hay mucha inmigración, personas que llegan sin nada y que precisan de todo. Vidal ha escuchado y vivido también la vida de personas acompañadas por Cáritas, “que en cierto modo forman parte de mi vida también”.

Cree que los voluntarios son parte imprescindible de la acción de Cáritas, “porque el voluntariado, estés donde estés, te hace darte cuenta de lo afortunado que eres y de que estamos aquí para ayudarnos, porque todos somos hijos de Dios”.

Los trabajadores de Cáritas Diocesana de Toledo le consideramos como un compañero que está siempre atento a nuestras demandas, y en ocasiones “le estresamos” con nuestras tareas y prisas; con “nuestros mandaos”, pero siempre nos atiende con “lo que tú digas y cuándo digas”. Es bondad y disposición en primera persona.

 

¡Gracias Vidal!

Mónica Moreno. Gabinete de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

Servidores de la Caridad

Desde el Área de Comunicación y Sensibilización de Cáritas Diocesana de Toledo se promueve esta iniciativa, denominada Servidores de la Caridad, con el objetivo de dar voz y de conocer los testimonios de los voluntarios de Cáritas. Hombres y mujeres que dan su tiempo y su talento por los demás, entregándose por los más necesitados. Hombres y mujeres, que como dice el Papa Francisco, “son las manos de Jesús en el mundo”, y que su vida puede ayudar a muchas personas. Historias llenas de amor, de cercanía, de servicio y de Caridad.

Invitamos a los más de 2.000 voluntarios de Cáritas Diocesana de Toledo a compartir sus historias, sus testimonios de vida con nosotros. Unos testimonios contados desde el corazón, que inviten a encontrarnos con Jesucristo en los voluntarios y en los más necesitados.

No importa el estilo, ni si escribes mejor o peor. Nosotros lo damos forma. Nos interesa tu vida de voluntario, cómo ha cambiado tu vida y tu entorno, por qué estás en Cáritas, qué supone para ti ser voluntario de Cáritas…Todo lo que nos quieras contar.

Si tienes un testimonio pero no te atreves a escribirlo llámanos a Cáritas Diocesana de Toledo (925224600 ext. 216) y nosotros lo escribimos. Si quieres enviarnos tus textos puedes hacerlo a comunicacion.cdtoledo@caritas.es . Todos los testimonios se publicarán en este blog.

Anímate. Tu historia puede ayudar a muchas personas. Tu historia puede animar a que otras personas sean voluntarios. Tu historia puede ayudar a cambiar nuestro propio corazón.

Gracias por tu atención.

Mónica Moreno. Gabinete de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo