¿Por qué soy voluntario en Cáritas?

Por Julio Galiano, director de Cáritas Parroquial de Santa Teresa en Toledo.

A lo largo de mi vida he procurado ser coherente con mis ideas; es decir, he tratado de armonizar mis actos con mis principios. Por tanto, si creo en Jesucristo, debo ser consecuente con mi fe y tratar de llevar a la práctica sus enseñanzas.

Jesús nos dice que los mandamientos se resumen en los dos más importantes: “Amarás a Dios sobe todas las cosas y al prójimo como a mismo”. Todos los creyentes debemos esforzarnos en cumplir estos mandamientos, y Cáritas es el lugar idóneo para ello, porque te ofrece la ocasión de practicarlos en el quehacer diario como voluntario.

San Juan, en su primera carta, escribe: Si alguno dice: “Yo amo a Dios” y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano. (4: 20 – 21)

Cáritas es la interpretación fidedigna de las palabras de san Juan, porque nos da la oportunidad de expresar el amor a Dios practicando el amor con los demás. Además, nos da la oportunidad de practicar las obras de misericordia, tanto las corporales: dar de comer, dar de beber, vestir al desnudo o visitar a los enfermos; como las espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo, consolar al triste, etc.

Estas son las razones por las que, desde hace diez años, soy voluntario de Cáritas, y ahí seguiré mientras el Señor me lo permita.

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“Media vida de voluntaria y no lo cambiaría por nada”

Por Marisa Martínez Moreno, voluntaria de Cáritas Diocesana de Toledo. Coordinadora del Centro de Distribución de Alimentos “Virgen del Sagrario”

Desde niña me educaron haciéndome ver que no todos tenemos las mismas oportunidades, pero que sin embargo todos tenemos los mismos derechos y que debíamos ayudar y compartir con las personas que necesitaban ayuda.

Recuerdo que en mi colegio había en el patio un aula que denominaban la escuela gratuita, allí estudiaban niñas de familias sin recursos que estaban separadas del resto de alumnas.  Yo la verdad no entendía por qué y había una niña que vivía cerca de mi casa y yo siempre procuraba coincidir con ella a la entrada y a la salida para ir con ella.

Un día me preguntaron por qué hacía eso. Yo no sabía por qué y mi respuesta fue, porque me lo pedía el corazón.  Yo no entendía nada, pero al poco tiempo vi como esas niñas compartían el recreo con nosotras . La madre Josefina se acerco a mi y  me dijo esto es por tu ejemplo.

Recuerdo que la monja me abrazó y me dijo: “Gracias por ser como eres” y con lágrimas en los ojos se fue.   Yo seguía sin entender nada, pero me sentí feliz, tenia poco mas de 10 años.

Me enseñaron que compartir no era dar de lo que nos sobraba, era incluso dar de lo que necesitábamos,  y que no todo consistía en lo material, que había muchas personas que necesitaban cariño, compañía, escucha y que dedicarles un poco de nuestro tiempo era para ellos muy importante.

Siempre he sido muy inquieta y he buscado la oportunidad de ayudar y participar en todo lo que se organizaba en el colegio y en todo lo que me pedían y con el paso de los años el voluntariado se fue convirtiendo en algo vital para mi.

Una de las etapas mas apasionantes y duras fue mi voluntariado  como presidenta  en Pretox, Asociación de  Prevención y Ayuda al Toxicómano,  de 1988 a 1992, años donde la droga se llevó a muchos jóvenes de esa generación. Fueron años difíciles pero apasionantes , trabajando con y para los padres y los hijos de las familias que tenían este problema, éramos mas que una asociación una gran familia que logro dar esperanza a muchas personas.

En 1992 me incorpore como voluntaria en Cáritas de la mano de nuestro querido y recordado cardenal D. Marcelo González Martin. De él aprendí que  ser voluntario no es solo dar algo de dinero a personas que lo necesitan, o dedicar algo de su tiempo colaborando en algún acción concreta,  nada más lejos de la realidad. Ser voluntario era  un compromiso integral con el hermano necesitado independientemente de su raza o religión es ayudar en sus carencias materiales, espirituales,  acompañarle en su soledad, o su enfermedad , es ponerse en su lugar y hacerle parte de tu vida.

Ser voluntario es conocerle como persona,  por su nombre,  conocer sus circunstancias, escucharle, tratar de comprenderle y  acompañarle.

No hay nada mas gratificante que ver el cariño de las personas que Dios puso en nuestro camino y que han normalizado su situación y también ver a los que continúan luchando por salir de la marginación , verlas por la calle, que te saluden, conocerlas por sus nombres: Jesús, Pedro, Javier,  Luis Miguel, etc…y  tomar con ellos un café y animarles a que lo intenten de nuevo.  Muchos no lo entienden, pero ellos son el rostro de Jesús que él los ha puesto en nuestro camino y siempre los voluntarios debemos esta ahí a su lado.

En tantos años han sido muchas, muchas las experiencias, alegres, tristes, dolorosas, fáciles, algunas muy difíciles, pero todas han llenado y siguen llenando mi corazón de gratitud por el don de haber tenido la oportunidad de estar a su lado tratando de que su vida sea algo mejor , acompañándoles hasta el final de sus días, a sentirse queridos y  sobre todo que la esperanza llegara a sus vidas.

Ha sido en Cáritas, donde ya he cumplido mis “bodas de plata “ de voluntariado donde he aprendido que ser voluntario no es dar, que ser voluntario es un don, es recibir, pues aunque el voluntario  efectivamente da,  comparte,  se entrega,  acompaña,  os puedo asegurar que recibes más de lo que das,  porque no tenemos que olvidar, que :  Cuando pones la mano en la mano del hermano, siempre te encuentras con la mano de Dios e la otra mano.

“En Alepo brota la paz y la alegría por la Resurrección del Señor pero al mismo tiempo continúa haciendo su propio vía crucis”

CRÓNICA

“En Alepo también somos testigos de la Resurrección del Señor. Una comunidad que ha celebrado la Resurrección y donde brota la paz y la alegría, pero al mismo tiempo continúa haciendo su vía crucis”. Estas fueron las primeras palabras del padre Ibrahim Alsabagh, fraile franciscano y párroco de la Iglesia latina de san Francisco en Alepo (Siria), que este sábado, 22 de abril estuvo en la Parroquia de San Juan de la Cruz de Toledo para presentar su libro “Un instante antes del alba. Crónicas de guerra y esperanza desde Alepo”, que ha sido editado por Ediciones Encuentro, en un acto organizado por el Arzobispado de Toledo y la ONG Cesal (que apoya al Padre Ibrahim en Alepo), en colaboración con la Delegación de Apostolado Seglar y Cáritas Diocesana de Toledo.

“Han pasado seis años de esta guerra absurda y todavía queda mucho camino para llegar a la paz, un camino muy largo, donde hay muchos dolores, y donde se están arrancando de raíz los árboles de las semillas cristianas en Oriente Medio”, señalaba el padre Ibrahim ante un salón de actos que repleto de asistentes que no se quisieron perder las palabras de este fraile que está llevando la Buena Noticia y la esperanza a Alepo.

“Ahora en Siria estamos vacíos, golpeados profundamente y una parte de estos golpes son porque somos cristianos”, recordando que pocas iglesias están funcionando, porque en la ciudad sólo permanece un tercio de la población, que se pregunta si quedarse o partir.

“Ir a las escuelas desconociendo si dentro de dos minutos o de dos horas están cayendo misiles en la escuela”. Esto es lo que se ha vivido, “un terrible terror”, incluso después de la tregua tantas personas tienen signos en el cuerpo y en el alma de esta guerra.

Un hoy en Alepo hay una población “donde las madres menores de 35 años sufren problemas depresivos y de corazón. Muchos niños tienen problemas en el sueño y con enfermedades en la piel, símbolos del terror; con muchas personas solas porque no han podido salir; ancianos que necesitan atención y muchas madres y niños porque es una sociedad en la que ha desaparecido el varón, porque o bien busca un futuro mejor o ha sido llamado para el ejército regular o ha sido raptado o no se sabe dónde está”. Una población –tal y como detalló- que sufre problemas de electricidad y de agua, entre otras carencias, y donde falta el dinero y el trabajo.

“Quien conoció Alepo antes de esto sabía que era una ciudad rica, la gente amaba la vida y la disfrutaba, ahora la gente ha perdido el amor a la vida y prefiere no ir al médico, para ahorrar y cuidar así a sus hijos”.

 Futuro

“Hemos visto al rostro de Jesús sufriendo sobre la cruz, y me he sentido muy impactado dentro de mi corazón”, expresaba el padre Ibrahim, que afirmaba que a pesar de todo hay futuro, por lo que ha empezado una treintena de proyectos. “Hemos comenzando a dar lo que teníamos, rezando al Señor para que hiciera algo y allí hemos vivido la experiencia de la Providencia Divina, como Cáritas y Cesal, porque el dinero nunca ha fallado”. “El Señor nos ha facilitado el dinero cada vez que dábamos un paso que parecían una locura, porque sabéis que la Caridad tiene un punto de aventura”, expresó el párroco en Alepo que recordó que “para dar algo de nosotros se necesita el coraje de la caridad y si tenemos el sentido de la Caridad, el Señor nos abre el camino”.

Así dijo que es necesario abrir las puertas, escuchar mucho al Señor “porque habla a través del pobre” y moverse con rapidez. “El Señor está en medio de nosotros y os aseguro que no está en el sepulcro. Os aseguro que está puesto en cualquier comunidad que convoca y alaba, porque la presencia de Jesús hace posible los milagros”. Además manifestó que esta sociedad que no es capaz de ponerse en pie, depende del cuidado pequeño de su madre que es la Iglesia y recordando a Pablo VI señaló que “es la Iglesia la que avanza mientras que el Gobierno está paralizado y débil”. Una Iglesia que se abre a los demás, y que como “refleja la ternura de un Padre que también es Madre, porque el Señor nos quiere bien y así vuestra Caridad llega a nosotros”, dando gracias a Cáritas Diocesana de Toledo y al Arzobispado de Toledo, y a Cesal, por todo lo que están haciendo por ayudar a la población en Siria.

“A través de la Caridad de Cristo el Señor no sólo cura y los ayuda para no morir de hambre sino que cura los corazones y los hace estar en comunión con todos los cristianos del mundo”, indicó el padre Ibrahim, que en estos momentos ha empezado una  treintena de proyectos “que a veces dan miedo porque no tienen financiación” para ayudar a la población y para reconstruir viviendas. Uno de los proyectos que explicó fue el Proyecto “Creato” para ayudar a más de 700 familias jóvenes “que son el futuro de Alepo”, contribuyendo a darles alimentos, ayudas en los pagos de la electricidad, y en la cobertura del antes y después del embarazo, “porque son familias que apuestan por el don de la vida”.

Un testimonio que se encuentra en el libro “Un instante antes del alba. Crónicas de guerra y esperanza desde Alepo (Siria), que según comentó el padre Ibrahim, conmovió al Papa Francisco.

 

Escrito por Mónica Moreno Alonso

Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

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La fama y la misericordia de Dios, en Javier

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Javier conoce lo que es el lujo y la fama. Sabe que el dinero no da la felicidad. Javier tiene 29 años y su testimonio de vida hasta el verano pasado es un testimonio marcado por el alcoholismo y por la fama. Después de finalizar la ESO, se puso a trabajar con su padre en una empresa de construcción. Estuvo unos años trabajando en la empresa familiar hasta que obtuvo la titulación para ser vigilante de seguridad. Dejó su ciudad de origen, coincidiendo con el fallecimiento de su padre, un momento que cambió su vida y el de su familia.

El fallecimiento de su padre hizo que su familia se desestabilizara totalmente. “No había diálogo ni comunicación. Yo no tenía que dar explicaciones a nadie”, pues los problemas de alcoholismo de su madre se acentuaron. El alcoholismo ha estado siempre presente en la vida de este joven, porque desde era niño había visto beber a su madre. Hoy se preocupa para que ningún joven caiga en esta droga que “te consume”.

Un día por casualidad del mes de octubre de 2011 acompaña a un amigo a hacer un casting para un conocido programa de televisión para encontrar pareja. Un programa que causaba –y causa- furor entre los adolescentes. Su amigo no fue escogido pero a él que no tenía intención le terminan convenciendo para hacer las entrevistas en televisión. La primera vez que participaba en el programa fue rechazado por su pretendienta. “Ahí acababa mi participación”, señala, pero “posteriormente me llaman para tener una presencia más activa en la televisión”, y a partir de ahí inicia una vida artificial, una vida donde florecen los falsos amigos y donde nada es real.  “Tú mismo construyes tu vida”, comenta.

Durante casi dos años conoce el lujo, lo que es ganar 2.000 euros en una noche; lo que es dormir en hoteles de cinco estrellas, un coche de los de las películas; compañías que sólo buscan su fama y su dinero…y poco a poco comienza su decadencia como persona. “Acompañado pero solo a la vez”, reconoce Javier, por lo que encuentra refugio en el alcohol. “Cada vez más, despertándote con temblores que te hacen beber más y más. Cantidades ingentes de alcohol”.

Hasta que un día toma la decisión de que no quiere seguir con esa vida. A su casa no puede volver por los problemas con el alcohol de su madre,  por lo que un buen amigo le dice hace un año que vaya a un albergue y que allí le ayudarán. Javier no quería porque “yo no era una persona sin hogar. ¡Cómo iba a estar yo con estas personas!”. Al llegar al albergue le reciben tan bien, con tanta cercanía, que decide quedarse y comenzar un curso de reinserción socio-laboral.

En agosto el albergue cierra por vacaciones y llega hasta el Albergue “Cardenal González Martín” de Toledo que estaba abierto en agosto, donde es acogido, y aquí encuentra una familia y unos verdaderos amigos, que “están a mi lado, que me quieren como soy. Cáritas de Toledo, hoy es todo”.

En el Albergue inicia un curso de reinserción sociolaboral, comenzando a ser un nuevo Javier, intentando romper con su vida anterior. En Cáritas está participando en un taller prelaboral y ha comenzado a trabajar.

También ha descubierto  el Amor de Dios, “que ha querido que pasara por todo esto para que valorara más lo que tengo”, conociendo también el Amor a la Virgen María. En una peregrinación al Santuario de Fátima se confesó después de muchos años, y “en el otoño empezaré las catequesis de adultos”. “Sé que Dios nunca me ha abandonado, y lo siento. Por eso ahora voy sólo a misa porque lo necesito”.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

Mater es esperanza

 

bebé materClara tiene 22 años y dos hijos;  una niña de cuatro años y un niño de cuatro meses, que gracias al apoyo de Proyecto Mater hoy está con nosotros. La historia de Clara es la historia de una mujer que ha demostrado que es muy fuerte y que con su testimonio pone de manifiesto que cuando tus fuerzas parecen agotarse, empiezan las fuerzas de Dios, que nos acompaña siempre.

Crió a su primera hija con gran dificultad, teniendo lo justo para vivir y poder salir adelante. Enseguida supo que ser madre suponía una gran responsabilidad, por lo que cuando se quedó embarazada de nuevo, “se le vino el mundo abajo”. Tenía pensamientos entrecruzados. Recuerda que “uno de ellos fue el amor al saber que una personita (al igual que mi hija), crecía dentro de mí”, pero no estaba contenta, porque sus pensamientos también pasaban con mayor intensidad porque no podría criarle. No había otra opción que abortar. Al quedarse embarazada dejó de trabajar, y “no había posibilidades de seguir adelante. Todo son gastos y gastos”.

Para la madre de Clara abortar no era la única opción. Un mundo lleno de posibilidades existe y hay que encontrarle. Fue su madre quien la habló de Cáritas y de Proyecto Mater, siendo la primera vez que supo de este maravilloso programa de apoyo a la vida, que aunque  Proyecto Mater estaba empezando a nacer enseguida vio la luz siendo aire fresco y un respiro para muchas madres como Clara, el miedo y la vergüenza dejaron paso a la esperanza y a la alegría.

“Mi madre y todos los que forman Proyecto Mater me demostraron que hay más de una opción para no abortar”, y hoy con su niño en sus brazos se siente  muy mal por haber pensado en abortar”. “Ser madre es lo más maravilloso”, señala Clara.

En Proyecto Mater no te juzgan y están siempre dispuestos a ayudarte; personas que no conoces te tienden la mano, te ofrecen una sonrisa, un consejo o un abrazo, una oración o aquello que necesitas en ese momento de tu vida. “Enseguida supe que no estaba sola, que todo sería posible y que tenía que salir adelante. Cambié el miedo por el amor”.

Clara, con los ojos llorosos y una gran sonrisa, dice que sus hijos son lo mejor que le han pasado. “Los niños crecen y llenan de alegría mi vida”, y gracias a Proyecto Mater y a Cáritas puedo tener un apoyo para criar a mis hijos, porque “Mater es esperanza”.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

Testimonio de misericordia de la Madre Agnès: “Lo mejor para cortar la violencia es perdonar”

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Conversar con la Madre Agnès-Mariam de la Croix es darse cuenta de lo grande que es la misericordia de Dios. Es darse cuenta cómo Dios actúa a través de los acontecimientos y a través de cada uno de nosotros. La Madre Agnès, que ha estado unos días en Toledo para participar en la X Jornada Diocesana de Voluntariado de Cáritas, es un ejemplo de esta misericordia. Cómo ella llega dónde nadie llega; cómo gracias a la fuerza del Espíritu Santo es capaz de superar cualquier miedo. La Madre Agnès, que ha sido secuestrada en varias ocasiones,  dice que los cristianos somos testigos del amor de Dios y que “cuando uno pone su fe en Cristo y trabaja por el bien común, puede haber milagros”.

Son muchos los testimonios que esta mujer, carmelita descalza, nominada al Premio Nobel de la Paz, y  luchadora incansable por la paz en Siria ofrece de misericordia.  Hablando con ella fue la Madre Agnès quién escogió el que ahora le contamos, porque para ella el testimonio de este padre “le hizo un bien espiritual inmenso”.

Cuenta la historia de un padre que vive en Homs. Cuando ella le conoció estaban trabajando en un proyecto de reconciliación. Estuvieron todo el día con él y con gente oponente hablando de cómo arreglar la situación de un suburbio de más de 200.000 personas controlado por la oposición. “Había muchos muertos en Homs porque disparaban sobre la gente y viceversa”, recuerda con tristeza.

En una conferencia en un hotel, este hombre levantó la mano y dijo: “quisiera intervenir, porque yo quiero contarle mi historia a ver si puedo ayudarles a encontrar una solución”. Manifestó: “ Yo  tenía un hijo único, no tenía hermanos; con 20 años  y mostró su foto. Este joven, como muchos jóvenes de su edad, iba a la Universidad de Homs, iba y volvía, pero un día no volvió. En este tiempo, en 2012 todo el mundo era secuestrado. La familia hizo las gestiones necesarias pero no encontró nada. Normalmente cuando secuestran es para que les den dinero, pero esta vez nada. Vivieron varios meses sin ninguna noticia del hijo, unos seis meses.

Finalmente un día alguien le llaman por teléfono, y le dicen: “¿Tú eres tal? Y contesta: “Sí, lo soy. ¿Quiéres ver a tu hijo? Sí,  díganme qué necesitan, llevamos meses esperando y devuélvanme a mi hijo. No, no hay ningún problema, mañana a las 10”. Este hombre y su mujer llamaron a toda la familia preparando una fiesta, para recibir a su hijo. A la mañana siguiente, todo el mundo miraba el reloj para cuando llegara la hora.

A las 10 escucharon un coche. Antes de abrir la puerta se oyó un golpe seco y el coche se había marchado. A la puerta había un saco de plástico, el joven, su hijo, estaba cortado en piezas.

La Madre Agnès relata que “que uno no tiene palabras para describir esa situación”. Este padre manifestó que pasó días de aislamiento, de lucha interior, que no sabía si coger una espada y hacer lo mismo, y finalmente dijo: “combatí días y noches hasta que un día tuve una luz en la que descubrí que la violencia se nutre de violencia y que lo mejor para cortar esta violencia que estaba abrazando a Siria, era  perdonar”.

Él perdonó, se volvió un activista de la reconciliación. Él no es cristiano. Él nos expresó: “miren, yo he perdonado. Perdonad los unos a los otros para el bien de nuestro país”.

Un ejemplo de cómo la paz se construye perdonando, la paz se construye amando, la paz se construye trabajando por la paz, con sencillez, valentía y humildad.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

“Sé que Dios existe”

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“Sé que Dios existe”. “He sentido la ayuda de Dios en todo momento”. Así de claro y contundente se expresa Francisco, que junto a su familia, vivió durante  15 años debajo de un puente, a la intemperie, en las condiciones de vida que supone vivir al aire libre  y en condiciones infrahumanas e indignas, tapados con plásticos, con los colchones en los suelos.  Soportando los dimes y diretes de quiénes les veían pasar.

Niños pequeños que en pleno siglo XXI –hoy tienen unos 20 años- saben lo que es vivir debajo de un puente. “Sé que Dios existe porque en todos estos años nunca nos mordió una rata”. Es uno de las muestras que la misericordia de Dios con él y con su familia, que a pesar de cómo ha vivido, siente que ha encontrado siempre el abrazo de Dios con ellos.

Dios  quiso que trabajadores de Cáritas Diocesana de Toledo supieran de su caso gracias a una voluntaria de Cáritas y se acercaran hasta ellos para que vivieran de una forma más digna. Una forma de vida como la de todos nosotros, con una vivienda digna, descubriendo lo que es el agua corriente o la luz eléctrica o un baño donde poder lavarse. Sara, esposa de Francisco, manifiesta que “desde que tiene un hogar normal su salud ha mejorado, pues antes apenas podía respirar, ya que padece asma, y ahora sabe lo que es no tener siempre frío en invierno ni dormir pensando en qué nos pasará”. Cuentan, recordando con tristeza, cómo se calentaban con una hoguera de humo y cómo por la noche hacían guardia para que los vándalos nos les destruyeran lo poco que tenían.

Aunque su vida en esos 15 años fue de muchas dificultades también están agradecidos porque en este tiempo descubrieron la misericordia de Dios en los demás, al haber vecinos que les ayudaban dándoles alimentos, ropa, comida o incluso acompañándoles en su “hogar”.

Gracias al Programa de Vivienda “Sagrada Familia” de Cáritas Diocesana de Toledo hoy Francisco y Sara, junto a sus hijos, tienen su casa; con muchas necesidades y muchos retos por delante, como pagar los recibos de luz o cómo llegar a fin de mes. Esta familia tiene ganas, entusiasmo y mucha esperanza por salir adelante, aprendiendo todo aquello que sea necesario para encontrar trabajo y tener una vida digna.

Están muy agradecidos a Cáritas Diocesana de Toledo por el apoyo y la ayuda que les ofrece, no sólo material sino también de acompañamiento, pues en todo lo que no saben siempre hay alguien que les da la respuesta.

A pesar de haber vivido en condiciones infrahumanas esta familia siente la misericordia de Dios en su vida, que ahora les ha dado la oportunidad de tener lo que siempre anhelaban: un verdadero hogar, y les está mostrando el Amor de Dios en ellos y en los demás.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

“He descubierto a Dios y el cariño verdadero”

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Han tenido que pasar 30 años para que María supiese lo que es el cariño y el amor verdadero. Han tenido que pasar tres décadas para que descubriera una mirada sincera, una sonrisa auténtica y una mano que le ayudara.

“Hasta hace menos de un año nadie me había dado cariño”, así de contundente, con lágrimas en los ojos, nos lo cuenta María, que hace trece años vino a España desde Santo Domingo (República Dominicana) en busca de un futuro mejor y con el objetivo de trabajar para ganar dinero y poder mantener a su hija. “Todos venimos con ilusión, pero en mi caso enseguida me di cuenta de que no era así”.

Desde que llegó a España todo fueron problemas, uno detrás de otro; dando vueltas por ciudades, lugares y con personas que le alejaban en todo momento de lo que era la felicidad. Los falsos amigos enseguida aparecieron. La necesidad de ganar dinero, la soledad y el no sentirse querida la llevaron a un club de alterne, donde ejerció la prostitución durante ocho meses. “No he matado nunca a nadie, pero me siento como si lo hubiera hecho”, reconoce María, que se ha sentido en todo este tiempo viviendo indignamente y anulada como persona. “Ocho meses que han sido horrorosos, infeliz del todo”, recuerda esta joven mujer que con su sonrisa y sus ojos, ahora, ilumina la habitación.

Un buen día conoce a una chica y le habla de Cáritas Diocesana de Toledo y cómo la estaban ayudando, cómo la escuchaban y como la decían “no te preocupes, estamos a tu lado”. “Llegué a Toledo un 1 de julio con 1,50 euros. Nada más”, y así comenzó su historia en Toledo. Así supo lo que era el cariño y el amor verdadero. “Hasta que no he formado parte de Cáritas no he sabido lo que era que te tocaran en el hombro y te dijeran “aquí estoy. No temas”, narra María, que es madre de dos hijas.

La vida de María cambió el 1 de julio de 2016, y a partir de entonces “en apenas dos semanas podía vivir dignamente, con personas que me escuchan, que me acompañan y que siempre ponen una sonrisa en mi vida”. “Era como estar en otro mundo, un mundo feliz”, reconoce María, que había ido de sufrimiento en sufrimiento “porque nunca tuve a nadie, ni siquiera mi madre que nunca me quiso, que me mirara bien y que me ofreciera cariño y ternura”.

Antes siempre la cerraban las puertas, nunca reunía las condiciones para ayudarla. La burocracia era un obstáculo siempre. Su vida era un NO, “no encontraba salida por ningún lado. Allí donde iba, ponían problemas”, y “aquí en Cáritas es todo lo contrario, siempre hay un Sí o un no te preocupes”. Para María el dinero es importante porque necesita mantenerse y poder estar con sus hijas, “sentirme madre, querer y ser querida (hasta ahora no ha podido serlo)”, pero lo más importante “es el cariño verdadero, el amor que he encontrado en la Iglesia”.

Gracias a Cáritas se ha acercado a Dios y se siente segura. “Antes iba por la calle insegura, mirando para todos los lados. Hoy aunque salga tarde de trabajar, sé que voy con Dios y Él me protege. Nunca ando sola”

“He descubierto el amor de Dios en mí y cómo si me fio de Él todo sale”, “porque aunque yo hablaba con Dios, siempre lo hacía desde la desesperación, nunca confiaba en su ayuda. No le sentía conmigo”. “Hoy –explica María- sé que siempre está conmigo y que nunca me abandona”. “Sé que está en las personas que me rodean y en todo aquello que hoy puedo disfrutar. Hoy puedo estar muy agradecida por todo lo que tengo”.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

“Aquí puedo mirar al cielo con tranquilidad”

Quién le iba a decir a Ana y a su marido Pablo que la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 les uniría con Toledo.  Su estancia en Toledo, mientras estuvieron ese caluroso agosto  en casa de una familia les cambiaría la vida. Hicieron amigos, y las manos de una familia toledana se abrieron para este joven matrimonio sirio. Una familia que se convirtió en hogar-refugio tres años después. Dios establece los medios  y los tiempos para que cuando necesitemos ayuda la encontremos, en el momento justo. “Pedid y se os dará”. Es lo que les ocurrió a Ana y a Pablo, que junto con sus dos hijos, salieron hace dos años de Alepo (Siria) en búsqueda de un futuro mejor, en busca de un lugar en paz. “Tomar la decisión fue difícil. Salir de tu casa, dejar tus recuerdos…pero todo por volver a sonreír”.

“No puedo dejar a mis hijos sin futuro”. Son palabras de Ana, que emocionada y con los ojos llorosos, recuerda cómo llegó a Toledo y cómo tuvo que salir de Alepo en coche, porque en su ciudad, en su barrio las bombas eran frecuentes. Un viaje lleno de incertidumbres y por qué no de miedos. ¿Cómo sería nuestra vida?   “No podíamos hacer vida normal. Un día ibas al trabajo, y el otro no. Un día los niños podían ir al colegio, al otro no. Nunca se sabía cómo sería el día siguiente”, afirma Ana, que comenta que hasta el estallido de la guerra vivían felices en su ciudad, con su familia.

Tras la guerra todo cambió. “Vivíamos con miedo continuamente. No sabías si las bombas te alcanzarían”, por lo que fueron valientes, confiando siempre en que Dios les acompañaría, y decidieron venir a Toledo. Gracias a la familia que Dios les puso en su camino en 2011, hoy vislumbran un futuro con esperanza en Toledo.

Pablo es abogado y junto a su mujer y sus hijos vivían bien en Alepo, con los problemas típicos del día a día, pero “tranquilos y con futuro, hasta que la guerra se instaló en nuestras vidas, y el futuro era incierto. El futuro no era futuro”. Sabían que el futuro lo tenían que construir, que encontrarían cómo, y en Toledo han empezado a levantarlo.

En estos momentos los recursos que nosotros aquí consideramos imprescindibles como el agua o la electricidad, en Alepo no lo tienen; están restringidos y hay que comprarlos, todo en un país con una inflación que se ha desbordado. Ana explica que antes de la guerra (hace tres años) 1 euro equivalía a 70 libras sirias; en la actualidad 1 euro son 560 libras sirias.

En Toledo viven con gran esperanza y con mucha ilusión, no sin dificultad, como el idioma, pero gracias a sus ganas y a su esfuerzo en poco tiempo han aprendido el español, -e incluso el toledano- y se desenvuelven perfectamente. La sonrisa y la esperanza se descubren en su rostro; la tranquilidad de que se puede empezar de nuevo; hoy tranquilos, aunque echando de menos a sus familias con las que hablan con frecuencia.

Ana se muestra contenta de estar en Toledo, una ciudad que le apasiona, y está muy agradecida con Cáritas Diocesana de Toledo, donde han encontrado un hogar y un motivo para sonreír. Gracias a las personas que no los han dejado solos en ningún momento. Cáritas es estar. Cáritas es acompañar. “Aquí hay paz. Aquí puedes mirar el cielo con tranquilidad”, manifesta.

Ana y Pablo son ejemplo de que el amor cuando se da, multiplica. Hoy son voluntarios de Cáritas Diocesana, donde se entregan por los demás, por los que están solos y por los que también buscan como ellos un futuro mejor.

Un regalo para Cáritas Diocesana poder contar con ellos y hacernos ver que nosotros “los que estamos bajo un cielo en paz”, podemos darles una nueva oportunidad. Un futuro para ellos y sus hijos. La misericordia es oportunidad. La misericordia de Dios se llama también futuro.

Escrito por el Departamento de Comunicación de Cáritas Diocesana de Toledo

Decir sí a la vida. Sí a la felicidad

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La historia de Carmen es una historia de lucha continua. Superación y sufrimiento. Una historia en la que ha demostrado que decir sí a la vida es decir sí a la felicidad y a la esperanza.

Carmen vino a Toledo cuando tenía 31 años, procedente de Perú, porque aquí en España trabajaba su marido, Pablo. Vino como tantas madres y padres que dejan a su familia para encontrar y forjar un futuro mejor. Llegó sola y posteriormente vino el hijo de Pablo, aunque Carmen se hizo cargo de él desde que éste tenía dos años.

Aquí en Toledo nació su hija Carla, y cuando ésta era un bebé –con año y medio- Carmen se queda embarazada de nuevo. “¡No podía ser! ¡Ahora no puede ser!”, son las frases que más e Los miedos, las dudas y la incertidumbre se apoderaron de Carmen. No veía solución, por lo que decidió que no podía seguir adelante. Había que abortar. La sociedad le animaba. Era sencillo hacerlo.  “No puedo atender a dos bebés a la vez”, era su pensamiento que se repetía continuamente. “No voy a poder. Imposible mantenerlo”.

Una mañana cuando Carmen andaba deprisa,  empujando el carrito de su hija dirección a la asistenta social para que esta le leyera los derechos para poder abortar, su marido Pablo salió corriendo detrás de ellas, gritando: “No lo hagas. Vamos a hablar. Dios nos va a castigar”. Carmen estaba decidida a abortar. Pero de pronto frenó, se detuvo, y ese “no lo hagas” que le suplicaba su marido, caló en su corazón, y dio vuelta atrás. Lo pensaría, no estaba sola.

Por la noche fueron a la Iglesia y llorando, profundamente tristes, contaron su caso al sacerdote, que les dijo: “No lo hagas. Sigue adelante con tu bebé. Nosotros te ayudaremos”. La fuerza de la oración. La misericordia de Dios presente en cada uno de nosotros. Rezaron mucho para que Carmen pudiera tener su bebé, y hoy es un precioso niño de 5 años, que es el motivo de su alegría y de su sonrisa. Gracias a Dios, y gracias a todas las personas que fueron misericordiosa con Carmen y su familia. Hoy con una sonrisa en los labios, con los ojos llenos de lágrimas. Carmen sabe que es dichosa, y que es feliz con su hijo.

La vida no ha sido fácil. No lo ha sido y no lo es. Son  muchos problemas y muchas dificultades. Hace cinco meses Pablo falleció en un accidente de tráfico. No tenía testamento, no tenía la documentación arreglada, y hoy Carmen no tiene ayudas de ningún tipo. No puede cobrar pensión de viudedad. En Cáritas la están ayudando –a ella y a sus tres hijos- en la vivienda, en la alimentación, en la educación de sus hijos (que vienen a los Talleres Infantiles), en el pago de recibos.  “Cáritas me ayuda en todo. Son mi familia aquí en Toledo”, concluye Carmen, que ve con esperanza el futuro. En medio de las cruces de cada día, siempre sale el sol. Siempre una sonrisa.

Testimonio escrito y recogido por el Departamento de Comunicación de Cáritas

Diocesana de Toledo